jueves, marzo 21, 2013

Entrevista | Seminario Marzo, Mujer y Memoria



Por Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz



1-¿Cómo construyeron el colectivo que los une en este proyecto?


Conmovidas por tanta desigualdad y violencia hacia las mujeres, Las Chicas de Blanco Cía. Teatral vislumbramos que podíamos generar desde el teatro y las artes en general, una herramienta de sensibilización social hacia estas temáticas poniéndolas en foco. Así nace Mujeres de Artes Tomar, un colectivo independiente de acciones artísticas que tuvo su primera acción el 25 de noviembre de 2011, conmemorando el Día Internacional contra la violencia hacia las mujeres. La respuesta y el acompañamiento que tuvimos nos motivaron a generar una nueva acción para 2012 en el Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo. Así fue que través de Lidia Volpe, integrante de MAT y a cargo de la programación teatral del Auditorio Kraft, nos pusimos en contacto con esa organización para armar un ciclo breve pero para nuestra alegría, encontramos coincidencia en muchos objetivos y que también habían pensado hacer algo en marzo. Así nos contrapropusieron que el ciclo estuviera presente todo el mes, incluyendo la otra fecha conmemorativa importantísima del mes, el 24, Día Nacional por la Memoria, la Verdad y la Justicia. Acordamos inmediatamente y nos pusimos a trabajar Las Chicas de Blanco más Mujeres de Artes Tomar con la gente del Auditorio Kraft CCNV y sus programas Late Cultura, No Matarás y Mujeres con Identidad, poniendo toda la infraestructura al servicio del Proyecto. Así surgió este Ciclo que nos tiene tan felices: MARZO. MUJER Y MEMORIA, que ya presenta su segunda edición.




2-¿Cuál es la trayectoria de cada uno de los grupos? Mujeres arte Tomar (MAT), Movimiento no matarás, Mujeres con identidad, Las chicas de blanco.



Mujeres de Artes Tomar es un colectivo independiente de ideas, proyectos y acciones artísticas que visibilizan problemáticas de género y resaltan la tarea de las mujeres creadoras. Está integrado por más de 450 artistas adherentes del país y del exterior.



Las Chicas de Blanco, es una compañía de Teatro independiente reconocida por sus espectáculos con fuerte anclaje en la dramaturgia y actuación.  Produce además, intervenciones teatrales de distinto formato sobre las temáticas que las conmueven, desde una perspectiva femenina, considerando  al Teatro y al Arte en general, una verdadera herramienta de transformación social.



El Auditorio Kraft CCNV en su incansable pasión por la gente, abre sus puertas al intercambio con otras organizaciones con quienes se une en arte y pensamiento. Sito en Florida al 600, es un espacio lleno de historia donde comienza a despertar un foco cultural con el objetivo de servir a la comunidad y dar lugar al desarrollo de una nueva cultura.



El movimiento No Mataras realiza en el Auditorio KraftCCNV el tercer miércoles de cada mes, un concurrido Cine debate, se unió al ciclo con la película Fragmentos de una búsqueda sobre el caso Marita Verón.



Mujeres con Identidad, con una vasta trayectoria de trabajos humanitarios en situaciones límites como trata, abuso, violencia, etc., realiza desde hace varios años encuentros donde se honra a mujeres que personifican en sus vidas la lucha y las transformaciones colectivas.



3-Cuál es la respuesta del público, su reacción en los debates, y si analizaron el target de espectadores?

La respuesta es muy conmovedora ya que el público acompaña tanto las propuestas de espectáculos en sala como la acción callejera de la marcha de las escobas, la presentación de documentales, libros, etc. En cuanto a los debates hay una expectación activa y de intercambio a través de preguntas o comentarios sobre lo escuchado. El target es heterogéneo ya que lo son así también las propuestas.



4- ¿Sienten que hay una conciencia colectiva sobre los temas que abarca el ciclo, a nivel ciudad y a nivel país?

Sentimos en realidad que, si bien esa conciencia ha crecido en los últimos años, todavía es débil y hay muchísimo por hacer en estas temáticas: visibilizarlas, ponerlas en la agenda, darles prioridad y valor, denunciar, manifestarnos en contra de toda violencia es nuestro aporte para que esa conciencia siga creciendo y se fortalezca. Lo hacemos a través de nuestra herramienta, el arte, porque creemos en su poder para la transformación social.



5- ¿Cuáles son las nuevas propuestas para el ciclo 2014, si es que ya pensaron en ello?

Todavía estamos transitando a pleno esta edición 2013 y con toda nuestra energía en ello, pensaremos a partir de abril en 2014, seguramente incluyendo algún espectáculo de danza para que se sume a todo lo que ya propone Marzo Mujer y Memoria.






La noche del ángel de Furio Bordon


Tres personajes en un espacio escénico con un diseño simbólico en su escenografía de la mano de Nicolás Nanni; láminas colgadas como aves de vuelo detenido con dibujos de niños que presuponen, para quien entienda, el abuso sobre ellos, un piso en damero que remite al juego de ajedrez, a un movimiento de piezas, el que en el juego teatral cada personaje hace para expresarse desde el dolor o el ocultamiento, avances y retrocesos, y sobre todo la corona que en la mano y en su cabeza sostiene el padre, (Federico Luppi); rey en el escenario como actor altamente reconocido, rey en su vida privada donde es el centro del universo de su propia hija. La corona, elemento que nunca abandona, porque dentro de su negación y cinismo permanente, el personaje no deja que nadie le quite ese lugar central de dueño de la situación. Es interesante como el dispositivo escénico refuerza la distancia entre el padre y su hija, la delimitación espacial coloca a cada personaje en su lugar, como los jugadores en su juego, cada uno sabe como moverse pero sin atreverse a cruzar el espacio del otro. Por momentos, el silencio verbal y el silencio visual dan un respiro al espectador, las fisuras en la relación familiar parecen insuperables, demasiados ocultamientos detrás de cada máscara. En el centro del espacio lúdico viejos trastos - una escoba con su pala, un cesto de basura, cajas con recuerdos para tapar otros recuerdos- para negarle al espectador una visión centralizada. La intriga que plantea Furio Bordon, es lineal en lo aparente pero cava en el espectador un abismo al poner en acto y desde las palabras muchas de las situaciones que viven los niños en su relación asimétrica de poder con los adultos. El niño no tiene herramientas para imponer su voluntad en contra de la de sus padres, familiares tan cercanos y necesarios, que son como afirma el personaje del adolescente, (Nehuen Zapata) aquellos únicos responsables de brindarle amor. La denuncia del dramaturgo tiene la brillantez de exponer en un caso el de miles, y sobre todo en poner blanco sobre negro, al dar cuenta de la cadena de abusos que se suceden de generación en generación dentro de familias consideradas respetables. La sexualidad infantil desde la perspectiva freudiana, es discutida por la hija, (Susana Hornos) que necesita encontrar en la teoría científica una explicación satisfactoria a su propia realidad. Acusa con el rencor que no puede sentir por su padre, a un Freud1 cobarde que salva con sus conceptos de la vergüenza a la familia burguesa en desmedro de la infancia, pero que reconoce en privado una verdad que nadie quiere aceptar. Las cartas develan en la intimidad del hombre, lo que la teoría oculta a los ojos del mundo. Los abusos son ciertos, no hay recuerdo fingido, ni perversidad del niño hacia el adulto. Bordon es un dramaturgo, director y novelista italiano, que ha obtenido varios premios con sus obras2, en esta además de la fuerte temática central, la discusión también pasa por la función del teatro, denuncia o entretenimiento, es decir lugar de búsqueda de la verdad, o nube de humo para distraernos – entretenernos de una realidad dolorosa, arriba y abajo del escenario. El padre, actor, vive a través del fuego de la escena la vida de otros, así se permite soslayar el drama que lo envuelve en su pasado y en su presente; la hija que comienza siguiendo el camino del padre, descubre su entera humanidad en la búsqueda incesante de la revelación, por más dolorosa que ésta sea. En el medio de ambos, el ángel cuya sensibilidad le impide aceptar el duelo y se aleja definitivamente de la arena de representación. La temática de la violencia sobre los menores, de todo tipo, que es más habitual de lo que solemos sospechar, atraviesa todas las instancias y las capas sociales, y también tiene como marco un deficiente tratamiento de parte de la justicia.3 Cada personaje tiene una intensidad especial y los actores con ductilidad plantean en escena, en determinados momentos, la oposición entre el discurso verbal y el discurso gestual: acciones cotidianas y sencillas – por ejemplo barrer- cuando las palabras estallan en mil pedazos con una dureza casi infernal. Entre estos dos mundos opuestos un pequeño Pierrot, quizá porque aun siendo un mimo mudo su carita refleja tristeza y candidez, como alejando la dura realidad, que en cada intersticio, el texto dramático ha dejado expuesto. Solo con el profesionalismo de todo el grupo se puede exponer un tema tan difícil y, a la vez, dejar que el espectador disfrute del hecho teatral.







La noche del ángel de Furio Bordon. Traducción y adaptación: Federico Luppi. Elenco: Federico Luppi, Susana Hornos, Nehuen Zapata. Escenografía y vestuario: Nicolás Nanni. Iluminación: Adriana Antonutti. Música: Iván Nilson. Títere: Gustavo Garabito. Fotografía: Akira Patiño. Peinado: Néstor Burgos. Maquillaje: Estela Cáceres. Diseño gráfico: Sergio Calvo. Prensa: Marisol Cambre. Producción ejecutiva: Pablo Silva y Susana Hornos. Asistencia: Tony Chávez, Eliana Sánchez. Asistencia de dirección: Milagros Plaza Díaz. Dirección: Federico Luppi. Teatro: El Picadero.














Freud, Sigmund, 1997. “Sigmund Freud. Tomo XVIII. Buenos Aires: Editorial Losada.



Sanda, Roxana, 2008. “Así no” en Las 12, año 1, número 553, 14/11, página 13.










1 Estos conceptos Sigmund Freud los desarrolla en parte en su capítulo “Pegan a un niño. Aportación al conocimiento de la génesis de las perversiones sexuales” de 1919.  En el mismo todo el tiempo el padre del Psicoanálisis habla de “fantasía”  y de las tres fases sobre el particular que la fantasía desarrolla, además del convencimiento de la provocación de placer: “Pero el carácter esencial en que incluso las fantasías más sencillas de esta fase – la tercera- se diferencian de las de la primera y que establece su relación con la fase media es el siguiente: la fantasía es ahora el sustentáculo de una intensa excitación inequívocamente sexual, y provoca, como tal, la satisfacción onanista. (Freud, 1997, 2469)


2 En 1994 su obra Querido Elvis, querida Manis, ganó el premio Mejor pieza teatral del año otorgado por el Instituto de Teatro Italiano. Su pieza Las últimas lunas ha sido representada por prestigiosos actores como Marcelo Mastroiani en Italia o Jean Piat en París. A lo largo de su carrera ha recibido una multitud de premios internacionales. Además estuvo a cargo de la dirección del Teatro Stabile del Friuli Giulia y del Teatro Romano Festivl di Trieste.  (Gacetilla de mano)



3 “El abuso sexual infantil –que tiene en el calendario un día marcado, el 19 de noviembre, para alentar campañas en su contra- sigue teniendo un tratamiento desparejo en los Tribunales, donde no sólo suele ponerse en duda la palabra de niños y niñas, sino también se juzga y acusa a los profesionales que los asisten por exhibir “Fanatismo de Género” –una perla usada en mayúsculas por una agrupación de padres procesados- Niños y niñas siguen siendo rehenes” (copete, Sanda, 2008, 13) “La gravedad de la perversión que implica el abuso sexual está dada por su carácter reiterativo y por el secreto que impone el victimario a la niña, bajo la amenaza de que, si revela lo que ocurre, algo terrible sucederá”.





Abulia de Pablo Bellocchio


La puesta de la pieza de Bellocchio que se presenta en la sala del teatro El Fino utiliza, con acierto, el ventanal de la misma formado por vitrales, para dar naturalidad al espacio de un hospital y su estructura antigua. Las sillas de plástico que son la antítesis de la sofisticación y elegancia que señala la aparición de los vidrios esmaltados, dan cuenta de la paradoja del estado de la salud pública; donde nada se recompone de fondo, desde la raíz de los problemas sino donde el emparche, la modernización de elementos en solitario, es una constante. Un segundo espacio que sitúa al personaje de la profesional de la medicina, se mantiene en penumbras: una camilla desprovista, papeles con informes médicos que se van llenando como única actividad. La Abulia comienza ya desde ahí en ese escenario que se niega a cambiar que no tiene la voluntad suficiente que requiere la transformación. En ese locus donde el tiempo parece detenido por la inercia de sus ocupantes, cuatro pacientes, cada uno con su problemática y su dolor, esperan la atención de un quinto personaje, la médica de guardia, que también atravesada por la falta de fuerzas o porque está de alguna manera utilizando a las personas como conejos de indias en un laboratorio, es testigo de la desesperación que se produce en ese sala, que ella misma con su negación a ejercer su trabajo provoca. Bellocchio da cuenta de la textura dramática a partir de soliloquios y diálogos cada vez más cargados de una violencia que la propia impotencia desborda. Ante la falta de respuesta de aquel que debe darla, una relación asimétrica de poder se establece y la falta de voluntad despliega una furia que se descarga sobre el más débil. ¿Hiperrealismo, grotesco siglo XXI? Como en una cámara Gesell, los personajes son vistos desplegar una subjetividad que se expresa en la lucha cuerpo a cuerpo entre pares, enfermos contra enfermos, pobres contra pobres, todos contra todos; una metáfora de los pliegues perversos del poder. La referencialidad de las acciones hace que el espectador se sienta incómodo, ¿quién no estuvo alguna vez en una sala de urgencias de un hospital, esperando en un tiempo que parecía eterno e indefinido? ¿Quién no se sintió manoseado, expulsado del sistema cuando desde una silla de esa sala, solo ante su problema, parecía recibir una respuesta indiferente? Pero también, la descarga de la médica de guardia tiene una referencialidad que alarma, en soledad para todo, recibiendo pacientes que no siempre necesitan de una atención inmediata, con una carga horaria infame, y una retribución aún peor, se siente humillada y explota esa sensación en el mínimo poder que le ofrece el lugar, su puesto, los conocimientos que le aportan su título y la complicidad de un tiempo detenido. Las acciones pasan de la violencia de las palabras a los gestos para luego convertirse en físicas, sin filtro ninguno. La impotencia, la abulia que envuelve a los pacientes es también una metáfora de nuestro escaso poder de reacción cuando de exigir derechos se trata. Los personajes, seres quebrados por su propia historia personal, no aciertan a convertirse en protagonistas de una secuencia colectiva con éxito. En el texto de Bellocchio todos los factores que utiliza aquel que ejerce el poder quedan al descubierto, inclusive el divide para reinar, cuando la profesional asegura que elijan a quien, porque ella sólo va a atender a uno de ellos. O su contrario cuando afirma que hay un orden, turnos que respetar, y que ella va a ser rigurosa en ese sentido. La dirección llevada adelante por el propio autor, logra que los actores construyan el clima requerido por lo narrado, (el juego de luces también cumple una función interesante en ese sentido), y que como espectador tengamos también la sensación de que el tiempo no corre, inmersos en ese no ser que se propone. Abulia es un texto interesante, que expone las contradicciones de una sociedad que deja pasar por costumbre la inoperancia de las cosas, y que como en el grotesco criollo de comienzos del siglo XX señala los enfrentamientos de quienes deberían actuar unidos, y que sin embargo entre el ser y el parecer llevan sobre sus rostros las máscaras1 sociales con las que ocultan su falta de voluntad.
 






Abulia de Pablo Bellocchio. Elenco: Jimena López, Malena López, Ana Pepe, Nicolás Salischiker, Marisol Scagni Vestuario: Mora Montemurro. Escenografía: Remy Villalba. Diseño de maquillaje: Ana Pepe. Fotografía:  Mauro Montagna Diseño gráfico: Rodrigo Bianco. Asistencia de dirección: Luciana Bande Prensa: Tehagolaprensa. Dirección general:  Pablo Bellocchio.















1
El personaje masculino aparenta ser lo que no es, lleva delante de sus compañeras de espera una actitud que encubre sus falencias y su angustia, y que como en el grotesco es el personaje de la médica de guardia quien finalmente hace caer su máscara y revelar una verdad que intenta ocultar. Otro procedimiento que también es trabajado por el grotesco, es la falta de comunicación real y el enfrentamiento generacional que aparece en el personaje de Jimena López.





lunes, marzo 18, 2013

La Mujer Justa de Sándor Márai | Adaptación de Graciela Dufau y Hugo Urquijo


La palabra “justa” tiene dos acepciones; una, aquella que habla de quien actúa con justicia, dando a cada cual lo que le corresponde, y la otra que se refiere a la que se ajusta al deseo o la necesidad de alguien. El escritor Sándor Márai, a su manera desarrolla en su novela, las dos. De alguna forma, el personaje de Judit1 (Victoria Onetto) nombre bíblico de profundo sentido en su escritura, cree hacer cierto grado de justicia robándole a Peter (Arturo Bonín) no sólo el corazón, la tranquilidad, y el decoro sino también sus bienes. Por otra parte, Peter busca para calmar la inquietud nacida en la mirada de esa mujer, encontrar la mujer que lo complemente, que le permita ser en totalidad. María (Graciela Dufau) un sustituto necesario, no ha sido para el atormentado personaje la mujer justa, y Judit es al parecer toda una promesa no importa el tiempo, la distancia ni el precio. Un triángulo amoroso intenso, que se desata con el encuentro de una cinta violeta en el lugar no indicado, pero que tiene una historia donde el autor cruza además las diferencias de clases, sus odios y resentimientos, y el marco de la Segunda Guerra Mundial. Judit como su homónima histórica, respeta sus ancestros a pesar de su pobreza, siente admiración por su padre y detesta a su marido, Peter, quien representa para ella el poder que humilla y compra. La escenografía de Eugenio Zanetti, pone en escena en el gran cuadro dorado al fondo del espacio escénico, la metáfora de esa burguesía “pintada”, es decir, sin sentimientos, fría y estática a la vez que bella, como un cuadro. El pasar de los personajes por él, es el ingreso a la clase que detenta el poder, aunque sea por el momento, en el incierto tiempo próximo al conflicto bélico. En especial, Bonin con soltura le da a su personaje la textura necesaria, Peter pertenece a la alta burguesía a diferencia del resto de los personajes, desplazándose por un despojado espacio escénico que no termina de crear la atmósfera que se desprende del texto primero. La utilización de un translucido telón pareciera responder –al subir o al bajar- al estado psicológico de cada personaje como si fuera un espejismo, un momento de coherencia o de locura. Quizá si la duración real del hecho espectáculo fuera más breve la obra mantendría la intensidad dramática ante la imposibilidad de comunicarse de los tres protagonistas. El hilo conductor de la puesta en escena está en la imbricación de capas del pasado: tres monólogos, tres relatos de vida, tres soledades que no pueden, o no saben, demostrar sus sentimientos ni sus fantasmas. Se puede afirmar que desde la década de 2000 hay en el campo teatral de Buenos Aires una reivindicación de la palabra, de esta forma, los directores acceden a textos narrativos de autores reconocidos para construir con ese material un soporte diferente que les permita una intriga de estructura teatral. Es así, que Graciela Dufau y Hugo Urquijo, actriz y director de la obra, toman el texto del escritor húngaro2, y apasionados con su relato y con la belleza de sus palabras, deciden llevar a escena un conflicto donde la filosofía, la ética y el amor forman una red intrincada, encrucijada que abarca a los personajes en un entramado de profunda reflexión.













La mujer justa de Sandor Márai / Adaptación: Graciela Dufau y Hugo Urquijo / Dirección: Hugo Urquijo / Intérpretes: Graciela Dufau, Arturo Bonin, Andrea Bonelli, Hugo Urquijo y Pochi Ducasse / Diseño de iluminación: Matías Sendon / Escenografía y vestuario: Eugenio Zanetti / Sala: Centro Cultural de la Cooperación.




















1Judit hija de Merari, en plena guerra de Israel contra el ejército babilónico, erróneamente denominado asirio. De bellas facciones, alta educación, enorme piedad, celo religioso y pasión patriótica, Judit descubre que el general invasor, Holofernes, se ha prendado de ella. Acompañada de su criada, la viuda desciende de su ciudad amurallada y sitiada por el ejército extranjero -Betulia- y, engañando al militar para hacerle creer que estaba realmente enamorada de él, consigue ingresar a su tienda de campaña. Una vez allí, en lugar de ceder a sus reclamos galantes, lo hace beber hasta emborracharlo. Cuando Holofernes cae dormido, Judit lo degüella, sembrando la confusión en el ejército de Babilonia y obteniendo de este modo la victoria para Israel.



2 Sándor Márai (1900/1989) nació en Kassa (hoy en Eslovaquia), una pequeña localidad del antiguo Reino de Hungría, en aquel momento de conformación de la potencia mundial, el Imperio Austrohúngaro, desaparecido tras ser derrotado en la primera guerra mundial. Aunque Sándor Márai destacó sobre todo por su obra narrativa, también escribió poesía, teatro y ensayo, además de múltiples colaboraciones periodísticas, entre las que se encuentran algunas de las primeras reseñas sobre las obras de Franz Kafka. En sus novelas, escritas originariamente en húngaro y cuidadosamente desarrolladas, Marai analiza la decadencia de la burguesía húngara durante la primera mitad del siglo, en títulos como Divorcio en Buda, El último encuentro o La herencia de Eszter. Además de sus novelas, Márai escribió libros de memorias que retratan las convulsiones sufridas por Hungría durante la primera mitad del siglo XX, como la Primera Guerra Mundial (retratada en Confesiones de un burgués) o las invasiones del ejército nazi, primero, y soviético, después (en ¡Tierra, tierra!).







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